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sábado, 25 de noviembre de 2017

Golpe

Las calles, los aeropuertos
volverán a ser lo que eran,
lo que eran antes del solsticio,
antes de que la balanza dudara,
antes de que las nubes y el aire se alejaran,
se disiparan.
Lo que eran antes que las semanas
se alargaran como meses de invierno.
Antes de la gran desazón.
Antes de que supiéramos del temor.
Antes.
Cuando el  pie no sentía el frío de la piedra.
Cuando había lugar a la ironía.
Lo que eran antes que nosotros fuéramos.
Quizás entonces olvidemos
los días de la soledad;
las horas de la convicción
-puño en el pecho, desazón;
mercurio en la garganta, dolor.
Quizás entonces recordemos
quiénes sufrieron y dijeron,
quienes alzaron la cabeza,
quienes extendieron la mano.
También
los de puño y cerrado corazón.
También.
Ese día el verde cubrirá el blanco
de la nieve y la escarcha en las aceras.
y los que entonces vivan no sabrán
de la música y el olor,
del frío en días de calor,
del beso y del abrazo,
de las calles engalanadas
de los amigos y de los extraños.
No sabrán el sentido de las páginas.
La vida ya no habitará en relatos,
Las fotografías nada dirán.
Entonces nadie quedará
de quienes por unos meses
sentimos el suelo temblar,
de quienes vimos las puertas abiertas
al horror que todo lo acabará.
Los libros no explicarán
que el futuro una hora tenía, no más.
Callarán que la noche podía a mediodía
comenzar.
Dejad ahora que todo acabe de pasar,
abramos los ojos para empezar a soñar.



sábado, 25 de marzo de 2017

No puedo remediar

Hace un par de días Manuel Moriarti escribía esto:

"No puedo remediar que me gusten la lluvia y los ríos caudalosos. Desde que me fui de allá arriba no veo casi nunca llover. Llevo dos años casi sin ver caer agua más de un par de horas (y tirando por lo alto). Tampoco tengo suerte cuando vuelvo a casa. A todo el mundo le toca algo menos a mí y estoy harto. Ayer me vine de Barcelona y ahora me decís que allí hay invierno. Disfrutadla y poneos la gabardina que yo guardo en el armario."

Me gusto mucho ese inicio, "No puedo remediar que me gusten la lluvia y los ríos caudalosos". Me parecía que había algo evocador en esas palabras. Así que me animé a continuarlas

No puedo remediar
que me guste la lluvia,
los ríos caudalosos...
el gris en las montañas,
el olor de los prados,
del musgo infantil.
La mano de mi padre en la humedad,
entre bosques y helechos,
tras la casa y el hórreo.
No puedo remediar
el brillo en los ojos al evocar
las tardes oscuras de mi niñez,
la cocina, la leche, el café.
No puedo remediar
del norte y el recuerdo
lo que fue.



sábado, 7 de enero de 2017

Todos nosotros (otra vez)

Se arreciman encogollados sobre ocres barras de hierro
y gritarían su tristeza al viento
entre basuras y excrementos;
olor primordial, esencial.
Un cielo oscuro contra el mar inmóvil.
Las noches sin luna todo lo engullen.
Vomitan su negro sobre farolas de luces amarillas,
sobre ciudades de alquitrán y cemento.
El mundo se rasca los piojos apelotonados en su cabeza,
como manadas de cebras
huyendo de uñas grasientas.
Crecieron, se multiplicaron y movieron,
llegaban hasta el mar y se preguntaban
¿no hay más? y allí esperaban
escondidos en la sombra,
aguardando bajo alambres de espino.
Perdieron el recuerdo del calor de los bosques,
el sabor de la sangre en las manzanas.
Olvidaron el crepúsculo en las tendidas praderas,
el aire en el rostro, el cielo sobre la cabeza.
Escaleras estrechas, letras en los ascensores.
"Sí cabemos, nos apretamos".
Intimidad sobre el linóleo despegado;
cebolla, brillantina y heces;
ojos húmedos, furtivos, indiferentes;
cáscaras que se repelen.
Chabolas con suelo de tierra preceden a las paredes de doble papel,
las ratas quedan atrás y debajo;
resbalan en pulidas tuberías de acero
que llevan el gas a quienes viven encogollados sobre ocres barras de hierro
y mueren en la noche de llamas y explosiones,
igual que poemas inacabados.
En días muy tristes y, por desgracia, casi indiferentes.